RESUMEN ESTRUCTURADO
Introducción:La respuesta sexual femenina está basada en tres componentes básicos: el deseo, la exitacion y el orgasmo. Las disfunciones sexuales femeninas (DSF) son consideradas síndromes, ya que responden a múltiples manifestaciones como consecuencia de diferentes causas, por lo que ameritan que el diagnóstico y tratamiento sea multidisciplinario. El médico Ginecólogo tiene la obligación de conocer estas nosologías, debido a que la frecuencia de estos padecimientos es muy alta, hasta un 30% en las mujeres con vida sexual activa; esto lo convierte en un problema que debería considerarse de salud pública, ya que tiene un efecto nocivo en la pareja y por ende en la familia.
Objetivos:Mejorar la acertividad en el diagnóstico de disfunciones sexuales femeninas.
Material y métodos:Se integró un grupo de expertos en el tema de sexualidad, que por consenso eligieron las preguntas de interés relacionadas con los temas. Se establecieron las palabras clave o MeSH (PubMed) y se efectuó la búsqueda de bases de datos electrónicas de las fuentes de información primaria (artículos) y secundaria (guías clínicas, meta-análisis, revisiones sistemáticas) en las fuentes de Cochrane Library, PubMed, SUMSearch, TripDatabase y metabuscadores públicos, sin límite de fecha.
Resultados:No existe evidencia clínica con adecuado nivel de evidencia que apoye la definición, clasificación y manejo de las disfunciones sexuales femeninas. Por lo que sugerimos tomar como base los consensos que hasta hoy existen para poder validar su manejo estructural.
Conclusiones: La falta de evidencia clínica nos lleva a sugerir que debe validarse lo que hasta ahora se ha tomado como base para el diagnóstico y clasificación de las disfunciones sexuales femeninas como son el DSM-IV.
RESUMEN DE LAS RECOMENDACIONES
1. En ausencia de pruebas diagnósticas específicas, el DSM-IV señala que es el juicio clínico el que debe aplicarse en el diagnóstico de la disfunción sexual femenina, considerando: la persistencia y la recurrencia, edad y experiencia del individuo, la frecuencia y la cronicidad del síntoma, el malestar subjetivo y el efecto sobre otras áreas de actividad. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
2. En el caso de paciente sometidas a histerectomía y en la menopausia, el tratamiento con estrógenos está basado en recomendaciones de expertos. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
3. Algunas pacientes en la posmenopausia con disminución del deseo sexual se ven beneficiadas con la administración de andrógenos. Sin embargo, no hay evidencia suficiente que soporte esta recomendación en todas las mujeres con disfunción sexual. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
4. La utilidad en las intervenciones no hormonales se limita a situaciones clínicas específicas. No existe evidencia sobre la seguridad y eficiacia en la poblacción no seleccionada de mujeres con disfunción sexual. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
5. La utilidad de las intervenciones quirúrgicas debe limitarse a aquellas pacientes con problemas anatómicos específicos como el cistocele, acompañado de incontinencia urinaria o defectos vulvovestibulares. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
6. Algunas pacientes se han visto beneficiadas cuando se usan combinados la psicoterapia y el tratamiento médico. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
7. La eficacia de las intervenciones farmacológicas contra las disfunciones sexuales en mujeres sobrevivientes de cáncer apenas inició su valoración, por lo que no pueden emitirse conclusiones adecuadas. (Nivel de evidencia IIb, Bivel de evidencia C)
Para poder descargar la Guía completa, debe ser Colegiado. Si usted es Colegiado, favor de entrar con su usuario y contraseña en "Colegiados" ubicado en el recuadro superior izquierdo.
Introducción:La respuesta sexual femenina está basada en tres componentes básicos: el deseo, la exitacion y el orgasmo. Las disfunciones sexuales femeninas (DSF) son consideradas síndromes, ya que responden a múltiples manifestaciones como consecuencia de diferentes causas, por lo que ameritan que el diagnóstico y tratamiento sea multidisciplinario. El médico Ginecólogo tiene la obligación de conocer estas nosologías, debido a que la frecuencia de estos padecimientos es muy alta, hasta un 30% en las mujeres con vida sexual activa; esto lo convierte en un problema que debería considerarse de salud pública, ya que tiene un efecto nocivo en la pareja y por ende en la familia.
Objetivos:Mejorar la acertividad en el diagnóstico de disfunciones sexuales femeninas.
Material y métodos:Se integró un grupo de expertos en el tema de sexualidad, que por consenso eligieron las preguntas de interés relacionadas con los temas. Se establecieron las palabras clave o MeSH (PubMed) y se efectuó la búsqueda de bases de datos electrónicas de las fuentes de información primaria (artículos) y secundaria (guías clínicas, meta-análisis, revisiones sistemáticas) en las fuentes de Cochrane Library, PubMed, SUMSearch, TripDatabase y metabuscadores públicos, sin límite de fecha.
Resultados:No existe evidencia clínica con adecuado nivel de evidencia que apoye la definición, clasificación y manejo de las disfunciones sexuales femeninas. Por lo que sugerimos tomar como base los consensos que hasta hoy existen para poder validar su manejo estructural.
Conclusiones: La falta de evidencia clínica nos lleva a sugerir que debe validarse lo que hasta ahora se ha tomado como base para el diagnóstico y clasificación de las disfunciones sexuales femeninas como son el DSM-IV.
RESUMEN DE LAS RECOMENDACIONES
1. En ausencia de pruebas diagnósticas específicas, el DSM-IV señala que es el juicio clínico el que debe aplicarse en el diagnóstico de la disfunción sexual femenina, considerando: la persistencia y la recurrencia, edad y experiencia del individuo, la frecuencia y la cronicidad del síntoma, el malestar subjetivo y el efecto sobre otras áreas de actividad. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
2. En el caso de paciente sometidas a histerectomía y en la menopausia, el tratamiento con estrógenos está basado en recomendaciones de expertos. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
3. Algunas pacientes en la posmenopausia con disminución del deseo sexual se ven beneficiadas con la administración de andrógenos. Sin embargo, no hay evidencia suficiente que soporte esta recomendación en todas las mujeres con disfunción sexual. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
4. La utilidad en las intervenciones no hormonales se limita a situaciones clínicas específicas. No existe evidencia sobre la seguridad y eficiacia en la poblacción no seleccionada de mujeres con disfunción sexual. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
5. La utilidad de las intervenciones quirúrgicas debe limitarse a aquellas pacientes con problemas anatómicos específicos como el cistocele, acompañado de incontinencia urinaria o defectos vulvovestibulares. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
6. Algunas pacientes se han visto beneficiadas cuando se usan combinados la psicoterapia y el tratamiento médico. (Nivel de evidencia III, Grado de recomendación C)
7. La eficacia de las intervenciones farmacológicas contra las disfunciones sexuales en mujeres sobrevivientes de cáncer apenas inició su valoración, por lo que no pueden emitirse conclusiones adecuadas. (Nivel de evidencia IIb, Bivel de evidencia C)
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